Vino, silencio y el Tajo: cómo pasar un día entero en Ronda sin prisa alguna.
Ronda se asienta sobre un tajo de cien metros, partido por el Puente Nuevo: el puente que todos fotografían y pocos se paran a entender. La mayoría de autobuses le dan noventa minutos. Nosotros, un día entero.
El truco es llegar antes que las multitudes y quedarse cuando se van. La luz de la mañana sobre el Tajo, una hora tranquila en la Plaza de Toros —una de las más antiguas de España— y comer en una taberna donde el dueño aún decanta el vino él mismo. A media tarde los excursionistas se han ido y el pueblo vuelve a ser tuyo.
Está a una hora y diez de Marbella por la Serranía, y solo el trayecto ya merece la pena. Este es justo el día que dio forma a Ronda, la Ciudad Soñada: privado, sin prisa y de vuelta en la costa al atardecer.


