Picasso, la Alcazaba y sardinas a la brasa: la Málaga que la mayoría se salta.
Mucha gente conoce Málaga por su aeropuerto y pasa de largo. Es un error. En la última década la ciudad se ha convertido, sin ruido, en una de las mejores tardes de la costa: aquí nació Picasso, y los museos, azoteas y viejos barrios de pescadores están a la altura del nombre.
Empieza en la Alcazaba, la fortaleza árabe que trepa desde el centro, sigue la sombra hasta la catedral y el mercado cubierto, y termina con espetos —sardinas a la brasa— en un chiringuito de Pedregalejo, donde la ciudad aún come con los pies en la arena.
Está a cuarenta y cinco minutos de Marbella y da para un día entero. Lo recorremos despacio, con guía oficial, en Lo mejor de Málaga.


